Archivo | Salud sexual RSS feed for this section

Positividad Corporal para hombres: una lección que aprender

17 Jun

Escrito por: Guy Jones
Traducido por: Verónica Han

En cualquier discusión, debate, conversación informal o lo que sea relacionado con el feminismo es muy difícil evitar temas como la imagen corporal, los ideales de belleza, la autoestima o la falta de esta. Es importante hablar de ello, aunque es probable que la sociedad siempre tenga gente convencionalmente “hermosa” como modelo a imitar.

Se le presta especial atención a la publicidad en este tipo de conversaciones, por un buen motivo: los vendedores saben que sacarán mayor beneficio del miedo que de la atracción genuina hacia el producto. Si no pruebas esta dieta, no te parecerás a Megan Fox. ¿No sabías que Bane usa P-90X? Compra nuestra lencería para que tus pechos no sean feos. Si crees que tu crema anti-acné está funcionando, recuerda a esa chica que cortó contigo.

El feminismo aborda estos temas y se suelen plantear como un problema para las mujeres. Sin embargo, los hombres tienen mucho de lo que beneficiarse de las actitudes y opiniones desarrolladas por las feministas en cuanto a la imagen corporal. He visto a muchos hombres menospreciar la negatividad corporal de la publicidad, los medios y la cultura en su conjunto porque consideran que las mujeres deberían alcanzar el cuerpo perfecto o ignorar por completo la presión, simplemente.

No obstante, esta presión por ajustarse a un físico ideal se ejerce sobre personas de cualquier género, por eso creo que los hombres que no se identifican como feministas pueden aprender mucho de aquellos que sí. Victoria Edel escribió un artículo maravilloso al respecto, comparte maneras de acercarse a la positividad corporal y tiene razón cuando dice que ambos géneros pueden sacar beneficio de esta línea de pensamiento. Los hombres suelen ignorar el tema porque la que se dirige a ellos es más silenciosa y se encuentra en lugares de entretenimiento más oscuros.

Me refiero, por supuesto, a ese casi 30% de Internet que visitan sobre todo hombres. No hablo de ESPN, a ver, la mayor parte de las mujeres están más interesadas en el deporte que yo. Es que aunque muchas mujeres disfruten del porno, esas páginas y empresas saben que su público objetivo es principalmente masculino. Masculino en el sentido de gente con pene. Estoy seguro de que ya sabes por donde voy.

“Sorprendente Descubrimiento Revela 1 Secreto para una P**** Grande”. La siguiente es un poco rara: “Le enseñé a mi hermanito virgen de 23 años un secreto INCREÍBLE para conseguir una p**** grande”. O tal vez esta gran oferta: “¿P**** de menos de 17 cm? El 20% de los hombres conoce el secreto para aumentar 10 cm en 4” (se cortaba ahí, me pone nervioso no saber cuánto se tarda. ¿Cuatro días? ¿Semanas? ¿Años?). Todo esto en un par de páginas porno.

Tanto si piensas que el porno está mal y sirve de apoyo para subyugar a las mujeres, como si te parece una expresión de positividad sexual para la apropiación del propio cuerpo (una conversación totalmente distinta que merece la pena), es difícil negar que los hombres se ven atacados por miedos y ansiedades similares en cuanto a las imperfecciones corporales. Esto sirve para hacerles comprar productos horribles. Aunque sea más directo y se disimule menos que la publicidad dirigida a mujeres (casi no he visto anuncios emitidos por televisión que mencionen la palabra polla) y aunque se trate de una estafa obvia, son muchos los hombres que se preocupan por su físico, pues se relaciona con su atractivo y su desempeño sexual. Incluso aquellos con cuerpos como la media o superiores.

Por ejemplo, la propaganda de un alargador de penes que sí ha llegado a la televisión: ExtenZe, ni idea de qué pretenden hacer con la Z esa. Fijémonos en el eslogán: “alargamiento masculino natural”. Será todo lo irónico que quieran, pero es una estrategia de marketing engañosa y siniestra que deberíamos elogiar al menos por su completa sinceridad: cuando se trata de cuerpos masculinos, grande siempre es mejor, pequeño siempre es peor y siempre que se pueda mejorar (o “aumentar”) deberías comprar todos nuestros productos y seguir usándolos tanto como sea posible (ExtenZe afirma que sus efectos son solo temporales). No te olvides, en estas conversaciones del “aumento masculino”, de que casi todos los hombres de los anuncios de ropa tienen los abdominales marcados y unos bíceps enormes: son altos, morenos y de cuerpo escultural. También (implícito por la chica de belleza convencional que suele aparecer bajo su brazo), tienen un pene grande.

Es importante ser conscientes de que la repercusión de la publicidad negativa no está limitada a la compra de productos malos. Como ya desvelase detalladamente el pensamiento feminista, la venta de una mala imagen corporal para que la gente sienta dependencia hacia un producto perjudica la autoestima de todos y puede desembocar en hábitos destructivos. Gente de cualquier género se ve afectada por dietas estrictas, desórdenes alimenticios, suplementos dañinos e incluso cirugías innecesarias. Los hombres necesitan reconocerlo, pues les afecta de una forma más sigilosa que a las mujeres. Te identifiques o no como feminista, todo el mundo debe apoyar una cultura basada en la positividad corporal en la que el odio a uno mismo no se use como herramienta de marketing y la belleza la encontremos en todos, incluidos nosotros mismos.

Anuncios

Apuntes sobre la virginidad

30 May

Escrito por: Elena Rivas

Me muevo entre círculos feministas. La mayor parte de mis amigas, sean del ámbito que sea, son feministas. Discutimos sobre feminismo y nos formamos en feminismo y me ayudan a ser “un poquito mejor feminista”. Ellas mismas entienden mis contradicciones y no juzgan cuando me veo 10 tutoriales seguidos de maquillaje en Youtube (si no más).

Pero hay algo que no consigo que comprendan. Se puede seguir siendo virgen a los 20. Y feliz. Y sin buscar a la desesperada dejar de serlo. Tengo una amiga que no soporta que diga que soy virgen, que la virginidad no existe, que solo es una convención patriarcal para separar a las mujeres entre putas y puras. Y sí, tiene razón, yo no tengo que dar ninguna flor. Yo no dejo de ser mejor persona solo por follar. Porque, precisamente, obtener orgasmos de que un pene me penetre sin haber recibido antes un anillo de los de diamantes y oro no me hace más guarra. Pero creo que voy a tener que empezar a reivindicar mi virginidad como acto político.

Sé que follar es fantástico, aunque sólo sea por todas las veces que se me ha dicho que follar es fantástico. Si tantas personas me lo dicen, será que es verdad. Una de las luchas más encarnizadas del feminismo es destruir esa “doble moral”, ganar las mujeres un espacio dentro de las relaciones sexuales que nos permita disfrutar de manera absoluta, y sin culpa, de nuestra propia (y maravillosa) sexualidad. Pero eso va en sentido bidireccional. Yo también estoy disfrutando de mi libertad sexual si decido seguir siendo virgen a los 20 años. No me pasa nada malo. No soy una persona incompleta solo por tener orgasmos que no haya producido otra persona.

Se me preguntó hace dos años que si lo que yo quería era caminar de la mano con un tío. Si lo que quería era una relación estable, un príncipe azul que me tratara como una princesa. Y me asusté, negándolo rápida y efusivamente (introduzca emoticono de carita asustada). Yo no quiero ser una princesa… si esa era la alternativa, pensé, supongo que lo que yo quiero es empezar en seguida a follar tanto como lo haría cualquier mujer empoderada, perderle el miedo y dejarme de tonterías. Era joven e inocente y me dejé llevar por toda la “liberalidad” de las mujeres de mi alrededor. Quería ser como ellas, disfrutar como ellas, follar como ellas. Fue un tiempo oscuro.

No obstante, caer tan bajo me ayudó a impulsarme hacia arriba y ver la luz. Sí. Vi la luz. Me di cuenta de que, al igual que esta sociedad patriarcal bipolariza cualquier aspecto de nuestras vidas, nosotras, que nos hemos educado en ella, también. Luchar para que desaparezca esa dicotomía de “puta-pura” nos impide ver que nosotras también creamos nuestras propias dicotomías. Que lo contrario de la feminista empoderada es ser la virgen sumisa. Y eso es lo que yo era para ellas. Una virgen sumisa que esperaba a su príncipe azul y su gran noche de bodas y su “ir de la mano por la calle”. Y entender eso, fue comprender al mismo tiempo que yo no quería ninguna de las dos cosas. Un alivio.

Todo porque confundimos cuál es el objetivo de la liberación sexual. Empoderarnos como personas sexuales para dejar de ser objetos sexuales no tiene como finalidad el poder follar mucho con muchas personas. Significa que cada una tenemos nuestros tiempos y nuestras necesidades. Yo tengo mis propios tiempos y mis propias necesidades. Y eso no me hace excepción, me hace ser otra forma de concebir la sexualidad, me hace ser una realidad distinta e igualmente respetable.

Estoy en paz con mi realidad. No me avergüenzo y cada vez me lo callo menos. Estoy orgullosa de ser capaz de esperar, de no dejarme llevar por lo que la sociedad y mis alrededores quieren de mi. Es mi decisión y me atengo a ella. Claro que el sexo es genial pero no lo es todo. Tengo en mi vida personas maravillosas con las que comparto relaciones no sexuales que son igual de satisfactorias. A veces incluso más. Ser feminista no significa follar. Ni ser feminista significa no follar. Ser feminista significa cuidarte, atender a tus necesidades. Y sobre todo quererte. Ser feminista significa entender que no habrá jamás otra persona que te pueda querer tanto como te puedes llegar a querer tú misma.

Cómo reaccioné al Barrio Rojo

19 Abr

Escrito por: Nicole Chenelle
Traducido por: Verónica Han

Cuando digo que estuve una semana en Ámsterdam durante un cuatrimestre en el extranjero, la mayor parte de la gente me responde algo así como “¡Ah! ¿Y viste el Barrio Rojo?” mientras abren mucho los ojos y sueltan risitas. Esa semana en Ámsterdam la pasé con mi clase de Prostitución e Industria del Sexo. Nos reunimos con varias ONG, organizaciones gubernamentales y antiguos trabajadores de esta industria para hablar sobre las condiciones del comercio sexual en Holanda. Claro que vi el Barrio Rojo.

El viaje de una semana a Ámsterdam con esta clase fue la razón por la que decidí irme a estudiar al Danish Institute for Study Abroad de Copenhague, Dinamarca. Curso asignaturas de Estudios de la Mujer y el Género en Georgetown y la idea de estudiar la prostitución en países en los que esta es legal me resulta emocionante. Nunca me había relacionado con la prostitución de forma académica y esperaba la oportunidad de analizar el tema desde un punto de vista legal. Este curso de Prostitución e Industria del Sexo incluía un estudio intensivo de tres días en Copenhague, donde la prostitución es legal; un viaje de tres día a Suecia, donde la prostitución es legal pero se penaliza al cliente; y un viaje de siete días a Ámsterdam, donde tanto los prostíbulos como la prostitución son legales.

Nadie puede ignorar el Barrio Rojo de Ámsterdam. Está situado en el centro, alrededor de la iglesia más antigua de la ciudad; el Barrio Rojo exige que le prestes atención al comercio sexual que se da por todas partes. El sexo impregna el ambiente con las señas de las mujeres tan arregladas en las ventanas, las luces de neón que promocionan los espectáculos pornográficos o los condones multicolores que cuelgan en los escaparates de las condomeries. El Barrio Rojo es simultáneamente un vecindario que celebra el sexo y el placer y uno que usa la purpurina y el pintalabios para camuflar la explotación y la trata de personas.

La mayoría de nuestras conversaciones en clase y mis reflexiones personales acaban con la siguiente pregunta: ¿se puede distinguir entre el trabajo sexual voluntario y la trata de seres humanos para su explotación sexual? ¿Se puede siquiera elegir vender sexo o los motivos económicos limitan la capacidad de decisión? ¿Cómo podemos, si es que debemos, ayudar a las chicas del este de Europa que se encuentran en los escaparates y cuyos novios se clasificarían legalmente como proxenetas?  ¿Cómo hacemos para ponerle fin a la violación de los derechos humanos que se da con la trata, y permitir la venta individual de sexo si alguien así lo desea? ¿Es la prostitución como cualquier otro trabajo o hay algo en el sexo que la hace inherentemente distinta? Estas son las preguntas que estuve considerando durante el cuatrimestre en el extranjero, preguntas que activistas y legisladores se han planteado durante toda su carrera laboral sin llegar a ninguna conclusión clara.

Aprender sobre la industria del sexo en Dinamarca, Suecia y los Países Bajos hizo muy evidente mi ignorancia sobre la estadounidense. Sé que la prostitución es ilegal en la mayor parte de los estados y que aún así existe. Penalizar a la prostituta (o al prostituto, pero casi siempre son mujeres) no hace más que provocar ciclos de criminalidad. Casar a estas mujeres con unos antecedentes penales no las ayuda en absoluto a abandonar la industria del sexo, sino que prácticamente les imposibilita conseguir un trabajo en otra profesión. ¿Sería el modelo nórdico, la penalización del cliente, la solución para los Estados Unidos? Penalizar al hombre que paga por sexo en lugar de a las mujeres es dar un paso en la dirección correcta. Aún así, me preocupa que esto sea más bien una forma de hablar sobre el ideal de eliminar la prostitución que la representación de un cambio real. Me he dado cuenta de que apoyo un poco más la legalización de la prostitución, sin embargo, me da miedo que dicha legalización anime a quienes trafican con sexo a llevar su negocio al país que sea. Cuanto más analizo estos temas, más valoro la complejidad y los matices del asunto y veo con mayor claridad que si alguien tiene una solución sencilla es porque no ha reflexionado lo suficiente.

Cómo abortar

5 Dic

Escrito por: Anónimo
Traducido por: Verónica Hojman

Nunca he abortado. No sé si abortaré. Puede que sí, algún día. No es algo en lo que suela reflexionar o considerar. Nunca necesité pensar en ello, pero si pasase, no sé qué haría. No sé a dónde tendría que ir o cómo lo pagaría. No tengo ni idea de cómo se consigue un aborto. Ojalá lo supiera.

Creo que es importante saber cómo abortar. El conocimiento te da poder sobre tu propio cuerpo. El conocimiento te da opciones. El conocimiento te prepara. No quiero estar embarazada, asustada y a contrarreloj mientras intento descubrir a dónde puedo ir, cómo pagarlo, quién me va a acompañar, quién me va a apoyar. Quiero saberlo. Quiero saber que nunca tendré que estar embarazada contra mi voluntad.

Intento estar preparada. Llevo años tomando la píldora. Siempre uso condones. Todo debería estar bajo control. Todo debería salir bien. Pero a veces las cosas simplemente pasan. El fin de semana pasado me acosté con un chico que conocí en una discoteca. A la mañana siguiente una amiga me dijo en chiste que sería graciosísimo si me hubiese quedado embarazada. Me quedé horrorizada. Sé que no estoy embarazada, que entre el chico y yo usamos dos métodos anticonceptivos distintos, que estábamos a salvo. No tenía miedo de quedarme embarazada. Me horrorizó que mi amiga pudiese hacer bromas sobre algo así. Me asusté porque si alguna vez me quedase embarazada, no sabría qué hacer. Me asusté porque no sabía cómo conseguir un aborto.

Ahora mismo estoy estudiando en el extranjero. Me hago una idea de lo que haría si necesitase abortar en Washington, donde estudio normalmente. Sé que iría a la Clínica de Planificación Familiar del centro. No sé qué pasaría. No sé qué procedimientos existen ni cómo funciona un aborto. No sé si necesitaría tiempo para recuperarme o si estaría bien al momento o si tendría que descansar unos días y prepararme excusas para explicar dónde estuve. Sé que iría con una o dos de mis mejores amigas, si encontrase el valor de pedírselo. Esperaría que no hubiese gente protestando en la puerta de la clínica. No sé cómo lo pagaría. Sé que nunca se lo diría a mis padres. Pero aquí, ¿en Europa? No tengo ni idea. No sé dónde se pide un aborto ni cuáles son las leyes al respecto, si puedo o no hacerme uno siendo de otra nacionalidad. De esto no se habla en los folletos ni en las reuniones de orientación sobre el estudio en el extranjero. No sé si mi seguro de salud lo cubriría. No sé cuánto cuesta. No sé quién me ayudaría. Estaría perdida.

Cuando no estás en tu país, ¿cómo le pides a alguien que te ayude a abortar? ¿A quién acudes? Me cuesta imaginarme en quién confiaría en casa. Solo puedo pensar en un par de personas. De viaje, nadie. No sé qué piensan mis amigos de aquí sobre este tema. No sé si apoyan la libertad reproductiva, no solo en la teoría, sino también en la práctica. No sé si de verdad me ayudarían a hacerme camino entre las confusas redes del aborto. Acá tengo una especie de tutora cuyo trabajo consiste en ayudar y apoyar a los estudiantes extranjeros, pero trabaja para una universidad católica y no sé cuál es su opinión personal sobre esto. Incluso aunque estuviese a favor, aunque pudiese preguntarle, no sé si conoce las formas de acceso a un aborto. Nunca le preguntaría a mi familia de acogida. Ni me imagino cómo reaccionarían, qué dirían. No creo que quisieran, ni que pudieran, ayudarme. No sé si podría preguntarle a otro estudiante, a uno que fuese de aquí, que viviese aquí. No sé cómo responderían o qué piensa la gente del aborto. Tendría que buscarlo en Internet. No sé que encontraría. No sé si me ayudaría.

Y si encontrase los cuidados necesarios, no hablo el idioma lo suficientemente bien cómo para manejarme sola. No tengo el vocabulario para hablar sobre el aborto ni de mis necesidades de salud reproductiva. No tengo manera de protegerme cuando se trata de abortar y de mi cuerpo.

Puede que esto sea un poco extremo, pero creo que todo el mundo debería saber cómo abortar, no importa dónde estén. Según las estadísticas, tiene sentido. En Estados Unidos, el 49% de los embarazos son accidentales y 1 de cada 3 mujeres estadounidenses han abortado antes de los 45 años (no pude encontrar ningún documento estadístico sobre cuánta gente transexual ha abortado, pero soy consciente de que la hay y de que también necesitan acceso al cuidado reproductivo incluyendo el aborto). Saber a dónde ir, cómo pagarlo, qué pasará antes, durante y después del proceso (y qué procesos existen) es necesario.

Solía pensar en el aborto como un tema distante. Defendía la justicia reproductiva desde una perspectiva que buscaba la autonomía corporal del individuo, pero rara vez relacioné todo esto conmigo y con mi propia vida. Ahora que he empezado a pensar en el aborto como un tema personal y como algo que me puede llegar a pasar en algún momento, me doy cuenta de muchas otras cosas. No se trata solamente de que la gente necesite el derecho a un aborto seguro y legal, también necesita acceso y educación. Sin conocimiento sobre cómo abortar ni acceso a cuidados reproductivos, este derecho es casi inexistente. La enseñanza sobre el acceso al aborto y las opciones para la interrupción voluntaria del embarazo debería ser, como mínimo, una parte opcional de la educación sexual y debería incluirse en las reuniones de orientación tanto de la universidad como en los programas de estudios en el extranjero. Sin este conocimiento, la gente que busca abortar o que quiere tener control sobre su salud reproductiva, se queda sin poder alguno y es muy probable que no encuentren los cuidados que precisan cuando los necesiten. Si es cierto que abogamos por la justicia reproductiva y el derecho al aborto, tenemos que enseñarle a la gente cómo conseguirlo.

Adoro. El. Sexo. #LoSientoPeroNoLoSiento

30 Ago

Escrito por: Kat Kelley
Traducido por: Verónica Han

La positividad sexual es un tema nebuloso. Según Wikipedia, se trata de un movimiento cuya “ideología promueve y acepta la sexualidad abierta con pocos límites más allá del énfasis en sexo seguro y la importancia del consentimiento”. Para mí, la positividad sexual es el resultado de eliminar la vergüenza del sexo y la sexualidad. Es aceptar y respetar la identidad sexual de cada uno, su orientación sexual, sus preferencias y elecciones. La positividad sexual es la comunicación y el deshacerse de los tabús sexuales que perpetúan aquellas normas sociales dañinas.

La salud sexual precisa de la positividad sexual. EEUU tiene los índices de embarazo adolescente más alto entre los países desarrollados, siendo incluso mayores los índices de los estados que solo conciben la abstinencia como educación sexual. La juventud se merece una educación sexual que sea comprensiva, que posibilite las decisiones seguras. Necesitamos un cambio cultural; decirles que el sexo es pecado, que es sucio, que es una mera herramienta para procrear, no va a permitirles tomar decisiones seguras. La positividad sexual es primordial para la comunicación, nos da la posibilidad de afirmar nuestros límites, de determinar y dar un consentimiento significativo y de pedir lo que queremos.

El consentimiento precisa de la positividad sexual. El consentimiento no es la falta de un “no”, es una respuesta afirmativa. El consentimiento exige que utilicemos nuestras voces, que hablemos de sexo, que seamos capaces de comunicar nuestros deseos e incomodidades y que respetemos los de nuestra(s) pareja(s).

Necesitamos la positividad sexual para luchar contra la violencia sexual. Ya no aguanto que “se avergüence a la puta”. Se nos enseña que la sexualidad de la mujer es o inexistente o sucia. Tanto si esperas al matrimonio como si eres activa sexualmente, siempre y cuando tomes decisiones seguras y respetes la autonomía de tu(s) pareja(s), no tienes nada de lo que avergonzarte. La “vergüenza a la puta” perpetúa, directamente, la violencia sexual. Solía trabajar en la Oficina de Defensa Pública (que por muy difícil que fuese, significaba que estaba “del lado” de los agresores sexuales, y me alegra que los agresores sexuales pobres recibieran el mismo apoyo legal que los ricos podían comprarse) y en cada uno de los casos de violencia sexual, leyendo detenidamente los archivos, se me revolvían las tripas. En “Pruebas” aparecería el pasado sexual de la denunciante, dando una imagen de una mujer pervertida (léase: sexualmente activa), como si eso invalidara su historia. A nuestra sociedad le encanta culpar y castigar a aquellos que experimentan la violencia sexual. Afirmamos que “se lo estaba buscando“, como si alguien pudiese pedir que lo violasen. Tenemos que dejar de hacer de cuenta que a las mujeres no les gusta el sexo y que su comportamiento sexual, sus decisiones o su reputación les dan a los hombres derecho sobre el cuerpo de la mujer.

Necesitamos la positividad sexual para aprender cómo querer a nuestro cuerpo y cómo dejar de tenerle miedo a las vaginas. Todo en nuestra sociedad es fálico, pero las vaginas se ven como cuevas oscuras y sucias. Lisa Brown, la representante de Michigan en el Senado estadounidense, fue expulsada de este por usar la palabra vagina. Si no puedes nombrarla, no deberías legislarla. Un chico le dijo a una amiga mía que no bajaría por razones “higiénicas”. ¿QUÉ? El genital masculino está ahí afuera, por todos lados, y la vagina es un órgano de auto-limpieza. Las vaginas son milagrosas, se estiran hasta dejar que un BEBÉ HUMANO pase por ellas. Deberíamos venerarlas, no tenerles miedo. Y ya basta con este tabú de la menstruación. Las mujeres se pasan aproximadamente el 20% de sus años fértiles menstruando, es algo demasiado común como para que se usen susurros avergonzados y eufemismos. El único momento en el que la cultura pop hace referencia a la menstruación es por el Síndrome Pre-menstrual, dando a entender que las mujeres somos inestables y sub-humanas cuando estamos con el período. Y si te da la impresión de que estoy haciéndole la pelota a la propaganda feminista, Onion me respalda.

Con frecuencia, mis compañeros me preguntan tímidamente por qué una chica en el campus necesitaría el feminismo. Obviamente, en Arabia Saudí y en la República Democrática de Congo necesitan el feminismo. Y aunque el acoso sexual, la diferencia de sueldo y el doble rasero sean mis respuestas rápidas, siento que una de las necesidades más importantes es la positividad sexual.

Adoro el sexo, es beneficioso para la presión arterial, el sistema inmunológico, el autoestima, los hábitos de sueño, la piel y la esperanza de vida. Ah, y claro, aunque sea mujer, disfruto del sexo, soy un ser sexual. Y a pesar de todo, odio mi vagina. Casi no puedo tocarla, me provoca un poco de incomodidad. Estoy co-produciendo Los puñeteros monólogos sobre la vagina y todavia tengo que aprender a querer la mía. Por dios, ni siquiera he tenido un orgasmo porque no se cómo decirles a los hombres lo que quiero y me da demasiado miedo mi propio cuerpo como para hacerlo por mí misma.

Así que, sí, incluso una mujer jodidamente empoderada y sexualmente liberada como yo, necesita la positividad sexual.

Aprendiendo sobre “positividad corporal”

12 Ago

Escrito por: Victoria Edel
Traducido por: Verónica Han

Resulta increíblemente difícil tener una imagen corporal positiva, tanto para mujeres como para hombres, a pesar de que la “positividad corporal” se interprete con más frecuencia como un problema femenino. Gente de ambos géneros sufre desórdenes alimenticios, problemas de autoestima y de otros tipos relacionados con la obsesión que tiene la sociedad con el cuerpo perfecto.

Quererse a uno mismo puede llegar a ser muy complicado y que te guste cómo eres físicamente suele ser la parte más difícil. Consumimos lo que nos dan los medios: solo ciertos tipos de cuerpo son aceptables o deseables, aunque la verdad es que la mayor parte de la gente no los tiene y aún así vive vidas significativas, emocionantes y llenas de cariño. Pero nos creemos la mentira, contamos calorías de forma obsesiva, escondemos las partes de nuestro cuerpo de las que se nos dice que deberíamos avergonzarnos, perdemos una cantidad extraordinaria de tiempo preocupándonos porque no tenemos el aspecto que “deberíamos tener”.

¡Pero la esperanza es lo último que se pierde! Puedes ser un Dios o un Diosa de la positividad corporaltanto si tienes abdominales marcados, brazos fofos o el pecho plano, ¡lo que sea! Dejemos de odiarnos porque hacerlo no tiene ningún sentido. Solo tenemos un cuerpo y la vida no empieza cuando pierdes peso, la estás viviendo ahora mismo y cada momento en el que tu apariencia te impida ser feliz, es tiempo desperdiciado.

El tema es el siguiente: admitir que te mereces ser feliz es una cosa, pero vivirlo es más difícil. Hablo desde la experiencia. Como es lógico, sé que mi cuerpo es maravilloso y me deja hacer cosas geniales, pero a veces no estoy contenta con él. Puede que esto te sea familiar. Solo porque tengas malos momentos no significa que no puedas ser feliz. Estos son mis trucos para aplicar la positividad corporal; sirven si estás gordo, delgado o en algún punto intermedio.

Reconocer las charlas corporales negativas
A veces son muy obvias. Puede que te mires en el espejo y pienses algo malo sobre ti mismo. Un amigo puede llegar a hacer un comentario sobre cómo le queda el bañador a tal o cual persona, una revista puede hablar largo y tendido sobre la celulitis de una famosa o puede que tus padres digan algo sobre los kilos que aumentaste cuando te fuiste a vivir solo por primera vez. Pero otras veces puede ser mucho más insidioso. Un comentario sobre cómo algo no “queda bien” o tal vez te interesaría hacer un poco más de ejercicio o sobre cómo “algunas personas no deberían usar pantalones ajustados”.

Una vez que hayas reconocido los comentarios que solo sirven para hacerte sentir mal, puedes darte cuenta de por qué se hacen. La revista quiere que te sientas mal sobre tu cuerpo para que inviertas en dietas. Tus amigos o familiares pueden estar reflejando en ti sus propias inseguridades. Cuando te des cuenta de que esos comentarios no son realmente sobre ti, podrás alejarte de ese discurso lleno de odio.

No hables de “salud” o “estar en forma” para avergonzar a los demás
Hay veces en las que la gente hablará de “estar saludable” o “en forma” cuando en realidad no les importa cuánto ejercicio hagas o qué comas. La mayor parte de las veces solo se refieren a estar delgado. No caigas en la trampa. Hay quien es delgado y come comida basura todo el tiempo y quien está gordo pero corre maratones. Para que conste, ambos son geniales.

No critiques
A parte de que esto te convertiría en una mala persona, criticar los cuerpos de los demás solo te llevaría a ser más exigente con el tuyo. También hará que tus amigos se sientan más inseguros sobre el suyo. ¿Nunca te pasó que criticaste a alguien que no estaba delante con tus amigos y después te preguntaste si en algún momento te criticaban a ti? Hablar del cuerpo de los demás es así, deja a los demás pensando qué dirás de ellos.

En relación a esto: no proyectes en ti las inseguridades de tus amigos, algo que me suele suceder. Cuando un amigo habla de querer adelgazar, solo habla de sí mismo, no de ti. No le des más vueltas.

No hables de “cuerpos reales” o “mujeres reales”
Hubo un tiempo en el que “las mujeres reales tienen curvas” fue un eslogan muy popular en el movimiento por la positividad corporal. Tenían buenas intenciones aquellos que querían que las mujeres gordas y con curvas también fueran consideradas bellas. El problema es que el eslogan excluye a aquellas que carecen de curvas, quienes también son, por supuesto, “mujeres reales”. No podemos tirar abajo a los demás para hacernos sentir mejor. La positividad corporal se aplica a todos los cuerpos, no solo a los que se asemejan al tuyo.

No toleres las conversaciones negativas
Esto es, palabras negativas por tu parte, por la de tus amigos, por la de tu familia y por la de los medios. Cuando estés diciendo o pensando algo negativo sobre ti mismo, intenta parar. Llamar la atención a los demás por su comportamiento puede serte difícil, así que no te preocupes si no consigues hacerlo. Puedes intentar decirles a tus amigos que lo que están diciendo te incomoda, explicarle a tu madre que no te gusta cuando te habla sobre tu peso o usar las redes sociales para castigar a las compañías que usan mensajes problemáticos.

Di cosas positivas
Esta es muchísimo más fácil. Cuando te mires en el espejo, en lugar de pensar que estás muy gorda o muy delgada, piensa en lo bien que tienes el pelo, lo bonitos son tus ojos o cuánto te gusta la camiseta que llevas puesta. O hazte un favor incluso más grande y piensa en lo buena amiga que eres, lo mucho que te gusta el ensayo que estás escribiendo o cualquier otra cosa que no tenga nada que ver con la apariencia. También di cosas positivas sobre tus amigos, una vez dichas, todo el mundo se sentirá mejor.

Rodéate de gente que tenga “positividad corporal”
Esto no significa que abandones a todos tu amigos y te hagas otros nuevos, pero si algunos de tus amigos o conocidos exudan una seguridad en sí mismos que te encantaría tener, intenta pasar más tiempo con ellos. Esto es excepcionalmente fácil de lograr por Internet. Lee blogs de moda de gente de todas las formas y tamaños que sean felices con como son y celebra la diversidad. Si Gabi Fresh se siente segura en un bikini, ¡tú también puedes!

No te tortures cuando no funcione. Date cuenta de que todo el mundo pasa por eso
Esta es la parte más difícil. Hay días en los que sé que soy bonita y genial y otros en los que me echo un vistazo en el espejo y me quiero esconder bajo las sábanas. Estos momentos no te sentarán tan mal cuando te des cuenta de que todo el mundo los tiene. Tu amiga con el talle 36 y el cuerpo que tú quisieras tener, probablemente envidie lo grandes que son tus pechos. Tu amiga con el culo perfecto puede que prefiera poder comprar pantalones tan rápido como tú.

Cuando te des cuenta de que todos tenemos estas inseguridades, irás perdiendo poco a poco lo celos. Cuando veas que esas personas que piensas que son hermosas y adorables, tienen problemas para verlo por sí mismas, te darás cuenta de que tus amigos no te mienten cuando te dicen que eres hermosa y adorable.

Voy a terminar esto con una cita de la blogger Mara Glatzel, probablemente lo explique mejor:

“Es difícil ser gorda. No importa lo mucho que te digas lo sexy, talentosa, increíble, valiosa, fabulosa e inteligente que eres, hay demasiadas respuestas negativas contra las que enfrentarse… Y garantizo con total seguridad que dentro de cada modelo a seguir sobre positividad corporal hay una pequeña noción de duda y miedo; y de vez en cuando, cuando se siente un poco vulnerable, hasta la más dura, la más increíble, puede caer en esto, aunque se niegue a admitirlo. Incluso diré que lo creo tan profundamente que cualquiera que te diga lo contrario está mintiendo. Esto no significa que debamos sucumbir ante los estándares culturales y dejar que la debilidad nos haga caer de rodillas cuando alguien nos llama gordos; seguiremos luchando y amándonos a nosotros mismos de todas formas y seguiremos siendo modelos a seguir para las otras mujeres que nos vean como ejemplos, PERO hay que dejar espacio para la sinceridad en esta ecuación. Y, ¿honestamente? No siempre es fácil ser una guerrera por la Positividad Corporal.”

Y serlo en el campus universitario no es fácil. (Soy una de las pocas personas gordas en el mío y a veces es horrible.)

Con suerte, tanto si eres gordo o delgado, con curvas o sin ellas, hombre o mujer, ahora también te estás convirtiendo en un guerrero de la Positividad Corporal seguro de sí mismo, pero para esos días en los que no puedas seguir soportándolo, recuerda que no estás solo.