Archive | mayo, 2015

Apuntes sobre la virginidad

30 May

Escrito por: Elena Rivas

Me muevo entre círculos feministas. La mayor parte de mis amigas, sean del ámbito que sea, son feministas. Discutimos sobre feminismo y nos formamos en feminismo y me ayudan a ser “un poquito mejor feminista”. Ellas mismas entienden mis contradicciones y no juzgan cuando me veo 10 tutoriales seguidos de maquillaje en Youtube (si no más).

Pero hay algo que no consigo que comprendan. Se puede seguir siendo virgen a los 20. Y feliz. Y sin buscar a la desesperada dejar de serlo. Tengo una amiga que no soporta que diga que soy virgen, que la virginidad no existe, que solo es una convención patriarcal para separar a las mujeres entre putas y puras. Y sí, tiene razón, yo no tengo que dar ninguna flor. Yo no dejo de ser mejor persona solo por follar. Porque, precisamente, obtener orgasmos de que un pene me penetre sin haber recibido antes un anillo de los de diamantes y oro no me hace más guarra. Pero creo que voy a tener que empezar a reivindicar mi virginidad como acto político.

Sé que follar es fantástico, aunque sólo sea por todas las veces que se me ha dicho que follar es fantástico. Si tantas personas me lo dicen, será que es verdad. Una de las luchas más encarnizadas del feminismo es destruir esa “doble moral”, ganar las mujeres un espacio dentro de las relaciones sexuales que nos permita disfrutar de manera absoluta, y sin culpa, de nuestra propia (y maravillosa) sexualidad. Pero eso va en sentido bidireccional. Yo también estoy disfrutando de mi libertad sexual si decido seguir siendo virgen a los 20 años. No me pasa nada malo. No soy una persona incompleta solo por tener orgasmos que no haya producido otra persona.

Se me preguntó hace dos años que si lo que yo quería era caminar de la mano con un tío. Si lo que quería era una relación estable, un príncipe azul que me tratara como una princesa. Y me asusté, negándolo rápida y efusivamente (introduzca emoticono de carita asustada). Yo no quiero ser una princesa… si esa era la alternativa, pensé, supongo que lo que yo quiero es empezar en seguida a follar tanto como lo haría cualquier mujer empoderada, perderle el miedo y dejarme de tonterías. Era joven e inocente y me dejé llevar por toda la “liberalidad” de las mujeres de mi alrededor. Quería ser como ellas, disfrutar como ellas, follar como ellas. Fue un tiempo oscuro.

No obstante, caer tan bajo me ayudó a impulsarme hacia arriba y ver la luz. Sí. Vi la luz. Me di cuenta de que, al igual que esta sociedad patriarcal bipolariza cualquier aspecto de nuestras vidas, nosotras, que nos hemos educado en ella, también. Luchar para que desaparezca esa dicotomía de “puta-pura” nos impide ver que nosotras también creamos nuestras propias dicotomías. Que lo contrario de la feminista empoderada es ser la virgen sumisa. Y eso es lo que yo era para ellas. Una virgen sumisa que esperaba a su príncipe azul y su gran noche de bodas y su “ir de la mano por la calle”. Y entender eso, fue comprender al mismo tiempo que yo no quería ninguna de las dos cosas. Un alivio.

Todo porque confundimos cuál es el objetivo de la liberación sexual. Empoderarnos como personas sexuales para dejar de ser objetos sexuales no tiene como finalidad el poder follar mucho con muchas personas. Significa que cada una tenemos nuestros tiempos y nuestras necesidades. Yo tengo mis propios tiempos y mis propias necesidades. Y eso no me hace excepción, me hace ser otra forma de concebir la sexualidad, me hace ser una realidad distinta e igualmente respetable.

Estoy en paz con mi realidad. No me avergüenzo y cada vez me lo callo menos. Estoy orgullosa de ser capaz de esperar, de no dejarme llevar por lo que la sociedad y mis alrededores quieren de mi. Es mi decisión y me atengo a ella. Claro que el sexo es genial pero no lo es todo. Tengo en mi vida personas maravillosas con las que comparto relaciones no sexuales que son igual de satisfactorias. A veces incluso más. Ser feminista no significa follar. Ni ser feminista significa no follar. Ser feminista significa cuidarte, atender a tus necesidades. Y sobre todo quererte. Ser feminista significa entender que no habrá jamás otra persona que te pueda querer tanto como te puedes llegar a querer tú misma.

El masculino me molesta

28 May

Escrito por: Verónica Han

El masculino me molesta. No por sí mismo, sino cuando se usa como neutro. Es verdad que en español no tenemos un género neutro como tal, pero también es cierto que el idioma es nuestro. Dicen que la lengua influye en la sociedad tanto como a la inversa. Ante la duda prefiero aportar mi granito de arena.

Como decía, me molesta. Porque cuando un hombre es el primero en hacer algo, nadie antes lo había conseguido, probablemente nadie lo había siquiera intentado. Por eso Neil Armstrong fue el primer hombre en la luna. Cuando se habla de la primera mujer en, se da por hecho que un hombre llegó antes, así que Amelia Earhart fue la primera persona en intentar dar la vuelta al mundo por aire. Porque hombre ya es de por sí sinónimo de persona, de ser humano, la mujer solo es “la otra”, “el otro” si lo prefieren.

El masculino como neutro me molesta porque es hipócrita. En la frase un padre no quiere que su hijo se case con un hombre de menor clase social el masculino no lo consideraríamos neutro en ninguna de las tres instancias. Esa frase solo se usaría si hablamos de homofobia aparte de clasismo y, además, pareciera que la madre no tiene ni voz ni voto (es que, claro, por algún motivo y a no ser que especifiquemos lo contrario, la pareja tiene que ser y será heterosexual). El masculino solo es neutro cuando queremos que lo sea, cuando al patriarcado le interesa, por eso hablamos de médicos y científicos y farmacéuticos e ingenieros. Por eso hablamos de limpiadoras y enfermeras y amas de casa y bibliotecarias. Por eso son políticos y azafatas, banqueros y secretarias. El argumento de la economía del lenguaje es otro síntoma de la misma hipocresía: por economía hay quienes dicen pos en lugar de pues y tienen al resto de España horrorizada.

Por eso tus motivos para hacer oídos sordos no me sirven, no son razones, son excusas. El masculino como género neutro no tiene nada de neutro. Solo es cómodo, igual que es más cómodo pegarle un tiro a un caballo que intentar curarle la pata, pregúntenle al animal si le parece justo. Tampoco creo que la solución esté en las equis ni las arrobas ni las es (la última vez que me fijé, jefe era masculino). La verdad es que no tengo ni idea de dónde está la solución, pero por lo menos hay gente intentando encontrarla.

Ni una menos

14 May

En el 2014, fueron 277 las mujeres y niñas asesinadas por violencia sexista en Argentina.

3 de junio. Plaza Congreso. Basta de femicidios.

niunamenos