Archive | enero, 2015

La desconexión racial/de clase

20 Ene

Escrito por: Angela Bui
Traducido por: Verónica Han

Empecé en una comunidad de clase baja, formada en su mayoría por latinos y afroamericanos, hasta llegar a un entorno principalmente blanco y de clase media alta. Gracias a las variadas experiencias que esto me aporta, soy cada día más consciente de cómo es cada extremo del espectro.

De adolescente creía que cuanto más alta fuese la clase social a la que alguien pertenecía, dicho alguien sería más empático y tendría menos prejuicios. Sin embargo, en mi pequeña y liberal escuela de Bellas Artes me di cuenta de que estaba equivocada. Por ejemplo, tengo una amiga que me cuenta lo que pasa en sus clases de Movimientos Sociales. Una vez, una chica sentía que la estaban timando porque su bienestar económico le impedía acceder a los programas de educación gratuita destinados a aquellos en una peor situación. Mi respuesta inmediata fue confundirme y ofenderme. No era capaz de entender que alguien le viese sentido a una afirmación tan egoísta y contradictoria. Cosas como esta son las que me hacen pensar que es imposible que todos nos unamos en pos de una justicia universal en lugar de sólo la mayor parte.

En este caso en particular, tan solo nos parecemos en el hecho de ser mujeres. Sin embargo, no compartimos etnia, ni clase social, por lo que nuestras experiencias de género son tan distintas que nos resulta casi imposible entendernos. Averigüé que a esto se le llama “matriz de dominación”, un concepto que indica cómo la identidad de una mujer y sus experiencias se moldean a partir de diferentes variables tales como la etnia, la clase social, el género y la orientación sexual. Seguramente, esta chica de la clase de Movimientos Sociales se ha visto objetificada y oprimida por los hombres por el hecho de ser mujer, pero es probable que no comprenda las dificultades de criarse en la pobreza o de que la menosprecien por su estatus económico, porque no lo ha vivido.

Me doy cuenta de que mi reacción al desconocimiento del propio privilegio perjudica la relación básica entre las mujeres. Por lo general, tacho de ignorantes a este tipo de personas en lugar de intentar cooperar para comprendernos y progresar. No obstante, ambas partes deben trabajar juntas para llegar a un entendimiento y el privilegiado no suele sentir que haya que empatizar con el oprimido, puesto que esto no le aporta ningún beneficio directo.

La afirmación de esta chica, aparte de contradictoria, resulta inquietante porque refleja un problema más grave dentro del feminismo. Esto está presente en la tercera ola del movimiento y se conoce como lifestyle feminism (feminismo como forma de vida). Se basa en la idea de que tus propias necesidades se corresponden con las necesidades de dicho movimiento. Debido a los distintos niveles de opresión que sufren las mujeres de color, es más difícil que se hagan oír en comparación con las mujeres blancas. Estas últimas tienden a centrarse en los beneficios propios en lugar de complicarse la vida para liberar a todas las mujeres, ya que es fácil ignorar las necesidades de las mujeres de color. Hay que entender que son muchas las variantes que se entrecruzan, como la etnia y el género, y si no lo hacemos, movimientos como el feminismo no pueden progresar. Para acercarnos a una justicia universal, es imprescindible que reconozcamos cómo se relacionan los distintos organismos opresivos y las estructuras sociales.