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La “pregunta de pareja”

25 Dic

Escrito por: Kayla Corcoran
Traducido por: Verónica Han

Aunque sé que la pregunta es inevitable, siempre me sorprendo cuando en alguna fiesta un familiar me interroga sobre mi vida romántica. “¿Estás saliendo con alguien?”, pregunta mientras se inclinan hacia mí como si esta cercanía tan incómoda pudiese relajar el ambiente. “No”, respondo molesta porque lo primero que quiere saber no es sobre las clases ni el trabajo, sino sobre mi estado civil. Tras mi brusca respuesta, dicho familiar suele continuar preguntándome por qué no tengo novio. De repente, estar soltera no es elección mía, es un problema horrible y tengo que solucionarlo de inmediato.

“Me estoy centrando en otras cosas en este momento”, replico con alegría. “Estoy disfrutando de las clases, sobre todo Inglés, y las actividades extracurriculares me tienen muy ocupada, aparte de que trabajo en la biblioteca”.

“No te preocupes, ¡pronto encontrarás a alguien!”, me dice dándome palmaditas en el hombro e ignorando todo lo que acabo de mencionar. Está muy ocupada sintiendo pena por mí, es bastante obvio que languidezco en la tristeza proveniente de creer que los estudios son un premio de consolación suficiente por no tener novio.

No es un intercambio poco habitual y, en el caso de que pienses que nunca has estado en el extremo receptor de la “pregunta de pareja”, se dan otras variantes menos evidentes. A veces se disfraza de observación, “parece que sigues soltera, ¿eh?” (a lo que solo se puede responder con un “parece que sigues siendo una entrometida, ¿eh?”). Otras versiones incluyen la de si hay o no alguien especial en tu vida. La mayor parte de la gente en mi vida es especial, así que esta pregunta me parece un poco vaga. También puede ser que el hablante esté seguro de que estás enamorada de Fulanito, pero que simplemente te has olvidado: “¿Qué hay de Fulanito, que te gustaba tanto? ¿Te acuerdas de lo bien que lo pasasteis aquella vez?” Eh, no, te lo acabas de inventar. Una de mis preferidas es el cumplido con doble intención: “Creo que es genial que hayas decidido hacer otras cosas. No todo el mundo tiene que casarse, ¿sabes?” Muchísimas gracias, familiar lejano, por adivinar mi futuro con tus hojas de té. No nos olvidemos de la duda sobre tu preferencia sexual: “Eh, odio preguntarte esto, pero… ¿te gustan las chicas?” Esta pregunta es tan sumamente irrespetuosa en tantos aspectos que no sé ni por dónde empezar.

Es agotador. Parece que también lo es para mis familiares, que se frustran porque aparecí en otra reunión más sin un chico a mi lado. Sin embargo, por alguna razón, tienen que hacer la pregunta, ya que esta extraña situación necesita una explicación. Así que la “pregunta de pareja” se sigue haciendo, porque da la impresión de que alguien está interesándose por tu vida. No te dejes engañar, esta pregunta tiene de preocupación lo mismo que tiene de grosera y de desagradable.

Aparte de la obvia invasión a la intimidad que no agradezco, la “pregunta de pareja” y las implicaciones de esta son, como mínimo, dañinas para las mujeres jóvenes (y hombres también, aunque supongo que no experimentan tantas situaciones de este estilo como las mujeres). A una mujer no la hace ni la rompe su estado civil, pero la aceptación social de la “pregunta de pareja” ha puesto a este en un plano mucho más relevante que cualquier otro interés u ocupación que pueda tener una mujer.

Otra consecuencia peligrosa de preguntar por qué no tienen novio, es la actitud de que las mujeres solteras son, de una forma u otra, menos por el hecho de serlo. Tiene que haber algo realmente mal en ella para que no tenga novio, más aún si la joven en cuestión no parece demasiado preocupada por este enorme hueco en su vida.

¡No te preocupes! Puedes llenarlo descubriendo qué hay de malo en ti. Hay miles de tests en Internet y en las revistas para mujeres que te cuentan qué es lo que te hace seguir soltera. El de Why Don’t You Have a Boyfriend? (¿Por qué no tienes novio?) de la revista Seventeen Magazine consta de siete preguntas serias y complejas recopiladas por profesionales con el fin de diagnosticar tu problema. La primera es: “¿Qué haces cuando ves a ese futbolista bue-no-rro que marcó el gol ganador de ayer?” Solo te dan tres opciones porque cualquier mujer joven y soltera haría seguramente una de las siguientes; “a) Casi sonrío y como que miro para otro lado. b) Lo felicito por un buen partido. c) Le doy una palmadita juguetona en el culito, como en los vestuarios para chicos” [1]. ¡Qué alivio saber que nunca más tendré que estar soltera si acoso sexualmente a extraños después de que hagan deporte! Qué tonta que soy, cómo no lo pensé antes.

Buen intento, Seventeen, pero no tener novio no es un problema que diagnosticar y, si lo fuera, no se haría con un test de elección múltiple (¿me están tomando el pelo?). Puede ser una decisión activa; puede ser que tener novio no sea el único objetivo de una mujer joven; puede ser que la chica no haya conocido a nadie que le guste; puede ser por las circunstancias. Puede ser cualquiera de estas razones, pero no tiene que haber una razón. Puede simplemente ser y cuanto antes lo aceptemos, antes podremos empoderar a las jóvenes a ser ellas mismas, sin importar su estado civil.