Archivo | mayo, 2014

Beneficios colaterales

18 May

Escrito por: Verónica Han

Podría intentar venderles las teorías feministas a base de argumentos sobre cuáles son los beneficios que pueden sacar de ellas. Podría decirles a los hombres heterosexuales que el feminismo lucha también por ellos, para que puedan expresar sus emociones de forma más libre, para que puedan cuestionarse su sexualidad sin miedo, para que disfruten del sexo totalmente consentido con una mujer. Podría hacerlo igual que podría venderles a hombres y mujeres cis-género que con la aceptación social de la gente trans cada uno tendría la libertad de vestirse como quiera y expresarse como guste. Podría hacerlo, por supuesto.

No quiero. No quiero caer en la normalizada red de argumentos que te ofrecen beneficios por ayudar a los demás. Es cierto que si les enseñamos a los más jóvenes que el cuerpo de una mujer no es un objeto sexual, se dejará de considerar al hombre un animal irracional incapaz de controlar sus propias acciones. Todo eso es verdad, pero no debería ser lo que motive la lucha.

Estoy harta de escuchar como las personas inmigradas son defendidas a base de un “los datos demuestran que es bueno para la economía nacional”. ¿Y a quién carajo le importa que sea o no bueno para la economía? ¿De verdad les estamos poniendo precio a las personas? Claro, como aumenta la mano de obra barata, los empresarios no se van del país. ¡Qué bien! Si no nos trajeran un poco de beneficio económico, lo de las cuchillas en las vallas no estaría tan mal, ¿es eso? Si no fuese porque nos vienen bien, le daríamos la espalda a gente que tiene unas condiciones de vida lamentables. Ah, bueeno.

No se trata de decirle al privilegiado “tranquilo, ayudar al oprimido te favorece”, por lo que en la lucha contra el sexismo no tendríamos que decirle al hombre “vas a poder aspirar a casarte y tener hijos, a ocuparte del hogar, va a poder gustarte cocinar o coser, vas a poder tener rasgos de personalidad histórica y culturalmente atribuidos a la feminidad”. No. El feminismo es mucho más. Es desmitificar y aceptar las distintas realidades, es ir poco a poco deshaciéndonos de la diferencia de estatus entre lo “masculino” y lo “femenino”. En realidad, es dejar incluso de agrupar las características bajo esas etiquetas.

Si los cis-hombres heterosexuales se quieren autodenominar feministas, bienvenidos sean. Los aliados son necesarios para que las mujeres podamos caminar tranquilas por la calle, para que se reduzcan las vejaciones y abusos contra los distintos grupos LGTBI, para que todos tengamos los mismos derechos. Pero si se unen solo para poder mirar El diario de Bridget Jones sin que nadie haga comentarios al respecto, lo estarán haciendo por el motivo equivocado. Si el racista deja de oponerse al inmigrante solo porque lo enriquece, no deja de ser racista. Los beneficios colaterales al grupo privilegiado no son más que eso, colaterales. Las bases de la lucha son otras.

Cripta de la criptomnesia desencriptada

12 May

Escrito por: Pippa Lavonne, de su blog Criptomnesia

Pero, ¿cómo describir un mundo en el cual el Yo está ausente? No existen palabras para ello. El azul, el rojo, también estos nombres de colores distraen la atención, también ellos espesan la atmósfera en vez de dejar pasar la luz.
(Las olas-Virginia Woolf)

Un sudario cáustico y corrosivo envuelve cada milímetro de mi piel atacada violentamente por el aire gélido y cortante de las noches de febrero que aún se retuercen alrededor de mis músculos adormecidos. La crisálida va resquebrajándose poco a poco para dar paso a una nueva yo. Extiendo un brazo hacia la abertura luminosa que supone mi salvación y siento la brisa. El olor embotado, suspenso, amarillento y consumido de mi cueva se sacude con una ráfaga revitalizante que azota con fuerza el cargado ambiente hasta el fondo de mis pulmones. Todo es de pronto demasiado cálido para permanecer con todas esas capas malignas encima. Fue culpa de la desidia que se estratificó y me enterró tan lejos del aire que olvidé que existía. Los recuerdos se perdían con cada sedimento, construían un mausoleo que me adormeció cual mamífero hibernando. El tiempo suficiente para que mi rostro cobrara una mortecina palidez y mis ojos se blanquearan por la falta de contacto con la realidad. El tiempo suficiente para que los dedos se arrugasen como si mi piel se devorase a sí misma. El pelo ha caído como hojas muertas. Sin embargo, no ha bastado para acabar conmigo por completo, ahogarme, descomponerme, encriptarme y cifrarme sin remedio. Antes la muerte. Con una súbita fuerza de procedencia desconocida e incognoscible, me lleno de impulso y reviento los restos de la opresiva prisión.

Luz