Cómo reaccioné al Barrio Rojo

19 Abr

Escrito por: Nicole Chenelle
Traducido por: Verónica Han

Cuando digo que estuve una semana en Ámsterdam durante un cuatrimestre en el extranjero, la mayor parte de la gente me responde algo así como “¡Ah! ¿Y viste el Barrio Rojo?” mientras abren mucho los ojos y sueltan risitas. Esa semana en Ámsterdam la pasé con mi clase de Prostitución e Industria del Sexo. Nos reunimos con varias ONG, organizaciones gubernamentales y antiguos trabajadores de esta industria para hablar sobre las condiciones del comercio sexual en Holanda. Claro que vi el Barrio Rojo.

El viaje de una semana a Ámsterdam con esta clase fue la razón por la que decidí irme a estudiar al Danish Institute for Study Abroad de Copenhague, Dinamarca. Curso asignaturas de Estudios de la Mujer y el Género en Georgetown y la idea de estudiar la prostitución en países en los que esta es legal me resulta emocionante. Nunca me había relacionado con la prostitución de forma académica y esperaba la oportunidad de analizar el tema desde un punto de vista legal. Este curso de Prostitución e Industria del Sexo incluía un estudio intensivo de tres días en Copenhague, donde la prostitución es legal; un viaje de tres día a Suecia, donde la prostitución es legal pero se penaliza al cliente; y un viaje de siete días a Ámsterdam, donde tanto los prostíbulos como la prostitución son legales.

Nadie puede ignorar el Barrio Rojo de Ámsterdam. Está situado en el centro, alrededor de la iglesia más antigua de la ciudad; el Barrio Rojo exige que le prestes atención al comercio sexual que se da por todas partes. El sexo impregna el ambiente con las señas de las mujeres tan arregladas en las ventanas, las luces de neón que promocionan los espectáculos pornográficos o los condones multicolores que cuelgan en los escaparates de las condomeries. El Barrio Rojo es simultáneamente un vecindario que celebra el sexo y el placer y uno que usa la purpurina y el pintalabios para camuflar la explotación y la trata de personas.

La mayoría de nuestras conversaciones en clase y mis reflexiones personales acaban con la siguiente pregunta: ¿se puede distinguir entre el trabajo sexual voluntario y la trata de seres humanos para su explotación sexual? ¿Se puede siquiera elegir vender sexo o los motivos económicos limitan la capacidad de decisión? ¿Cómo podemos, si es que debemos, ayudar a las chicas del este de Europa que se encuentran en los escaparates y cuyos novios se clasificarían legalmente como proxenetas?  ¿Cómo hacemos para ponerle fin a la violación de los derechos humanos que se da con la trata, y permitir la venta individual de sexo si alguien así lo desea? ¿Es la prostitución como cualquier otro trabajo o hay algo en el sexo que la hace inherentemente distinta? Estas son las preguntas que estuve considerando durante el cuatrimestre en el extranjero, preguntas que activistas y legisladores se han planteado durante toda su carrera laboral sin llegar a ninguna conclusión clara.

Aprender sobre la industria del sexo en Dinamarca, Suecia y los Países Bajos hizo muy evidente mi ignorancia sobre la estadounidense. Sé que la prostitución es ilegal en la mayor parte de los estados y que aún así existe. Penalizar a la prostituta (o al prostituto, pero casi siempre son mujeres) no hace más que provocar ciclos de criminalidad. Casar a estas mujeres con unos antecedentes penales no las ayuda en absoluto a abandonar la industria del sexo, sino que prácticamente les imposibilita conseguir un trabajo en otra profesión. ¿Sería el modelo nórdico, la penalización del cliente, la solución para los Estados Unidos? Penalizar al hombre que paga por sexo en lugar de a las mujeres es dar un paso en la dirección correcta. Aún así, me preocupa que esto sea más bien una forma de hablar sobre el ideal de eliminar la prostitución que la representación de un cambio real. Me he dado cuenta de que apoyo un poco más la legalización de la prostitución, sin embargo, me da miedo que dicha legalización anime a quienes trafican con sexo a llevar su negocio al país que sea. Cuanto más analizo estos temas, más valoro la complejidad y los matices del asunto y veo con mayor claridad que si alguien tiene una solución sencilla es porque no ha reflexionado lo suficiente.

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5 comentarios to “Cómo reaccioné al Barrio Rojo”

  1. pharmakoi abril 23, 2014 a 6:50 pm #

    Yo diría que la cuestión no es si venderse ono venderse, sino ¿por qué se vende cada un@?. El hombre tradicional, se vende por el placer que le proporciona el sexo con su pareja, por la seguridad que le da mantener ese vínculo, para él casi sagrado. Por la desabilidad social y el estatus que estas conductas proporcionan en su “mundo” social. Vende su tiempo (es “secuestrado” voluntariamente, igual que algunas prostitutas/os son “violadas” voluntariamente) y su esfuerzo. Lo mismo hace la mujer. Eso sí, no niego en ningún momento que las mujeres son las que sufren en mayor medida la imposibilidad de llevar a cabo sus actos de manera voluntaria. Y, como planteas, la mejor solución pienso que es la legalización, para acabar con los problemas de coacción directa o física. Al mismo tiempo, para que las mujeres tengan más capacidad de elección en todos los ámbitos, habría que cambiar muchas otras costumbres y estereotipos culturales, y para que todos tengamos más capacidad de eleción en general (casi todos, porque algunos tienen demasida) tendrían que cambiar mucho las cosas en el ámbito económico.

    También estoy de acuerdo en que es un tema complejo y discutible, pero mi opinión es que las políticas deberían ir por esa línea, y no por la del prohibicionismo y la represión.

  2. pharmakoi abril 23, 2014 a 7:39 pm #

    Lo que no me parece una buena solución es penalizar al que hace uso de la prostitución. Me parece una medida similar a la de las sanciones administrativas que se ponen a quien se le encuentran alguna canidad mínima de droga o consumiendo en un lugar público (malditos bares, antros de perversión). Veo mejr idea dedicar ese esfuero y dinero a otro tipo de medidas, como la educación y concienciación, y la persecución de personas con más poder, pertenecientes a organizaciones que lleven a cabo prácticas abusivas sobre sus trabajadoras/es .¿Pretender que alguien tenga sexoa cambio de dinero para quedarse una parte de la plusvalía es una práctica abusiva?, yo diría que si dan las condicones adecuadas, no más que cualquier otra. Esto es lo que me parece que planteas cuando dices que

    : ¿se puede distinguir entre el trabajo sexual voluntario y la trata de seres humanos para su explotación sexual? ¿Se puede siquiera elegir vender sexo o los motivos económicos limitan la capacidad de decisión?

    Yo no lo tengo del todo claro, pero tampoco me parece inmoral que a alguien le guste tener sexo con desconocidos y que obtenga dinero por ello. Bueno, a la primera pregunta te diría que sí, se puede distinguir, por lo que dije de las condiciones laborales. Lo de la voluntariedad es un tema más complejo, yo tiendo a dar por hecho que si es voluntario es que reúne unas ciertas condicones éticas o morales, pero no tiene porqué ser así. Los niños que trabajn 12 horas o más en condicione stotalmente insalubres, en muchas ocasiones supngo que si les pregutas te dirían que lo que hacen es porque quieren, aunque si les das la oportunidad de tener un trabajo que no viole todos los tratados sobre derechos humanos y del niño o de llevar la vida de un niño occidental manteniendo todos sus vínculos familiares, supongo que te diría que pefiere lo segundo, y puede que incluso se empezase a preguntar hasta que punto hacía eso porque no tenía otra opción.

    No se, es que tu manera de plantearlo me lleva a preguntarme si cualquier forma de sexo en una sociedad capitalista no es una violación. Porque siempre habrá dinero “de por medio” de un modo u otro. Por eso prefiero limitar el debate a al tema de los derechos humanos, las condiciones laborales, y todo eso, y no al tema de si tener sexo por dinero es moral o inmoral. Yo creo que no es inmoral, desde luego.

  3. pharmakoi abril 24, 2014 a 2:10 am #

    Pues eso, por si alguien lo lee y responde, me parece intersante y más bien estoy de acuerdo con las ideas que se exponen en el blog, pero algunas cosas no las comparto.

    Sobre lo de las penalizaciones, puestos a penalizar, podríamos penalizar a quién compre algún artículo de Nike o de alguna empresa que lleve a cabo prácticas poco éticas, pero mejor penalizar a las empresas directamente o educar en otro tipo de valores creo yo.
    En cuanto a tus comentarios que cité antes, me parecen poco acertados, plantear que no hay diferencia entre trabajo sexual voluntario y explotación sexual, me parece demasiado. De hecho diría que difumina los límites entre lo que es una violación y lo que no lo es, como insinué antes, aunque también es interesante porque pone de manifiesto que un acto voluntario no es siempre un acto en libertad. Por poner un ejmplo suave, es como cuando alguien qa quién han penalizado después de cogerle con una cantidad mínima de droga, decide de manera “voluntaria” pasar por un proceso de desintoxicación en vez de pagar la multa. Pero es lo que tiene el sistema capitalista, aunque me parece imposibe que se den las condiciones o el sistema económico en el que nadie espere nada a cambio cuando practica sexo con otra persona (además del sexo) y en el que nadie se haga (o quiera ser) un profesional en ese tipo de relaciones ( intercambios “comerciales”.?).

  4. pharmakoi abril 24, 2014 a 11:49 pm #

    Esto lo intenté poner antes no se si saldrá ahora. Espero que sea ya mi último comentario ya que veo que recibir respuesta va a ser algo difícil.

    He estado viendo en otro sitio que dicen (tampoco he visto fuentes solo una mención a médicos sin fronteras) que la legalización no mejoró las condicones de las prostitutas pero que la política de penalizaciones (al demandante) de Suecia disminuyó un 70% la prostitución callejera y un 50% la de los clubes (no dicen si mejoraron las condiciones de las que quedan). Lo que si me pregunto es, por un lado, que fuente de ingresos tienen esas mujeres ahora, y también, si no habrá disminuido curiosamente la inmigración como efecto “colateral”. Cuando hablé de penalizar al empresario me refería obviamente al proxeneta no a la prostituta. De todas formas ya me estoy pasando de comentarios, aunque veo que es un debate abierto y las cifras parecen llevarme la contraria.

    También es posible que la legalización no haya sido acompañada de otro tipo de medidas destinadas a mejorar las condiciones laborales de las prostitutas.

    Como conclusión temporal, diría que lo importante para reducir la prostitución y los efectos negativos que conlleva (no toda, ya que hay un mercado de prostitución digno, pero es mínimo y casi exclusivamente en los países occidentales) no es tanto la legalización o no legalización, cómo otro tipo de medidas destinadas a favorecer la inclusión socioeconómica de las prostitutas (y de los proxenetas, no todos serán unos monstruos digo yo) y de corte más psicoeducativo que punitivo. Esto es mi conclusión personal, auqnue de lo que he dicho más bien se deduce que es la punición al demandante lo que reduce drásticamente el mercado de la prostitución, pero según tengo entendido también se han llevado a cabo la punición sin el resto de medidas y no ha tenido un gran efecto (o eso quiero pensar).

    Eso, y que en mi opinión no se muestra ninguna empatía hacia el demandante, que entiendo de donde surge, pero en mi opinión lo mejor sería medidas de tipo psicosocioeducativo y legalización para reducir la discriminación y el estigma asociados con el acto de la prostitución, ya que, lo que parece innegable, es que la prostitución ha existido y existirá siempre, y que hay personas que lo hacen de un modo voluntario y mantienen una vida digna (aunque según medicos sin fronteras tan solo el 5% declaran hacerlo de manera voluntaria).

  5. barriorojoblog octubre 8, 2016 a 11:12 pm #

    Hola… veo que llego tarde al debate y quizá el blog esté inactivo ya… pero bueno, me parece muy interesante que te aproximes al fenómeno conociendo cómo ha sido abordado en diferentes países, aunque quizá hagan falta más que unas estancias para conocerlo a fondo. Es interesante reunirse con ONGs, expertos y otros actores así como con las propias prostitutas porque ellas están ahí, viven día a día una realidad que para muchas personas es desconocida e indudablemente pueden ayudarnos a tener una imagen más realista de la misma si llegamos a empatizar con ellas hasta el punto de que nos cuenten cómo es su día a día.

    Las medidas a tomar tendrían que venir dictaminadas entonces por este conocimiento directo del fenómeno, habría que hacer lo posible para paliar los problemas y necesidades que las propias prostitutas nos comunicasen. Muchas veces tratamos de dar respuestas en base a nuestras reflexiones o prejuicios o desde las voces de agentes con muchas voz o autoridad (agentes de policía, vecinos, comerciantes, políticos, feministas…) sin contar con ellas y pienso que lo que digan las putas tendría que ser primordial a la hora de abordar este tema, pues nadie mejor que ellas conoce el mundo en el que viven.

    Reciban un saludo y espero que a pesar del tiempo lean mi comentario, yo es que acabo de encontrar esta entrada buscando noticias sobre el barrio rojo.

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