Archive | abril, 2014

Cómo reaccioné al Barrio Rojo

19 Abr

Escrito por: Nicole Chenelle
Traducido por: Verónica Han

Cuando digo que estuve una semana en Ámsterdam durante un cuatrimestre en el extranjero, la mayor parte de la gente me responde algo así como “¡Ah! ¿Y viste el Barrio Rojo?” mientras abren mucho los ojos y sueltan risitas. Esa semana en Ámsterdam la pasé con mi clase de Prostitución e Industria del Sexo. Nos reunimos con varias ONG, organizaciones gubernamentales y antiguos trabajadores de esta industria para hablar sobre las condiciones del comercio sexual en Holanda. Claro que vi el Barrio Rojo.

El viaje de una semana a Ámsterdam con esta clase fue la razón por la que decidí irme a estudiar al Danish Institute for Study Abroad de Copenhague, Dinamarca. Curso asignaturas de Estudios de la Mujer y el Género en Georgetown y la idea de estudiar la prostitución en países en los que esta es legal me resulta emocionante. Nunca me había relacionado con la prostitución de forma académica y esperaba la oportunidad de analizar el tema desde un punto de vista legal. Este curso de Prostitución e Industria del Sexo incluía un estudio intensivo de tres días en Copenhague, donde la prostitución es legal; un viaje de tres día a Suecia, donde la prostitución es legal pero se penaliza al cliente; y un viaje de siete días a Ámsterdam, donde tanto los prostíbulos como la prostitución son legales.

Nadie puede ignorar el Barrio Rojo de Ámsterdam. Está situado en el centro, alrededor de la iglesia más antigua de la ciudad; el Barrio Rojo exige que le prestes atención al comercio sexual que se da por todas partes. El sexo impregna el ambiente con las señas de las mujeres tan arregladas en las ventanas, las luces de neón que promocionan los espectáculos pornográficos o los condones multicolores que cuelgan en los escaparates de las condomeries. El Barrio Rojo es simultáneamente un vecindario que celebra el sexo y el placer y uno que usa la purpurina y el pintalabios para camuflar la explotación y la trata de personas.

La mayoría de nuestras conversaciones en clase y mis reflexiones personales acaban con la siguiente pregunta: ¿se puede distinguir entre el trabajo sexual voluntario y la trata de seres humanos para su explotación sexual? ¿Se puede siquiera elegir vender sexo o los motivos económicos limitan la capacidad de decisión? ¿Cómo podemos, si es que debemos, ayudar a las chicas del este de Europa que se encuentran en los escaparates y cuyos novios se clasificarían legalmente como proxenetas?  ¿Cómo hacemos para ponerle fin a la violación de los derechos humanos que se da con la trata, y permitir la venta individual de sexo si alguien así lo desea? ¿Es la prostitución como cualquier otro trabajo o hay algo en el sexo que la hace inherentemente distinta? Estas son las preguntas que estuve considerando durante el cuatrimestre en el extranjero, preguntas que activistas y legisladores se han planteado durante toda su carrera laboral sin llegar a ninguna conclusión clara.

Aprender sobre la industria del sexo en Dinamarca, Suecia y los Países Bajos hizo muy evidente mi ignorancia sobre la estadounidense. Sé que la prostitución es ilegal en la mayor parte de los estados y que aún así existe. Penalizar a la prostituta (o al prostituto, pero casi siempre son mujeres) no hace más que provocar ciclos de criminalidad. Casar a estas mujeres con unos antecedentes penales no las ayuda en absoluto a abandonar la industria del sexo, sino que prácticamente les imposibilita conseguir un trabajo en otra profesión. ¿Sería el modelo nórdico, la penalización del cliente, la solución para los Estados Unidos? Penalizar al hombre que paga por sexo en lugar de a las mujeres es dar un paso en la dirección correcta. Aún así, me preocupa que esto sea más bien una forma de hablar sobre el ideal de eliminar la prostitución que la representación de un cambio real. Me he dado cuenta de que apoyo un poco más la legalización de la prostitución, sin embargo, me da miedo que dicha legalización anime a quienes trafican con sexo a llevar su negocio al país que sea. Cuanto más analizo estos temas, más valoro la complejidad y los matices del asunto y veo con mayor claridad que si alguien tiene una solución sencilla es porque no ha reflexionado lo suficiente.