Mi feminista loca y gorda

24 Dic

De ahora en adelante, la gente puede aceptarte por quien eres o irse a la mierda.

Escrito por: Anónimo
Traducido por: Verónica Hojman

Hay una serie (británica, las mejores siempre lo son) llamada My mad fat diary. El título en inglés lo explica bastante bien: Rae es una adolescente gorda que lucha contra la depresión, las heridas que se causa a sí misma y un síndrome que la hace comer de forma compulsiva. Solo tiene seis episodios, pero te cambian la vida.

Me he identificado como gorda toda mi vida y nunca he visto a un personaje gordo ser el protagonista. Rae no ocupa el segundo plano de nadie: tiene complejos, es divertida y un poquito típica. Es una serie con una protagonista gorda y antes de verlo no sabía por qué lo necesitaba tanto.

Esta es la cosa: la gente siempre intenta ocultar mi gordura. Es una vergüenza de segunda mano, soy la viva imagen de algo que nadie en el mundo quiere ser. Mi compañera de habitación de primero dijo que las personas gordas le daban asco, una amiga mía dijo que le provocan tal impresión que no puede ni mirarlas. Mis compañeros de clase hacen muecas cuando alguien gordo se les sienta al lado. Estoy gorda y eso significa que soy vaga y fea y que siempre me tengo que poner por atrás en las fotos. Estoy gorda y eso significa que no soy bienvenida, porque la gordura en sí misma no es bienvenida. Existe un motivo por el que se cree que la gente gorda es “alegre”: tenemos que aguantar todas vuestras estupideces las 24 horas del día y usamos el humor para lidiar con ello, si no fuese así nos arrancaríamos la piel a tiras, literalmente.

Yo encontré otras formas de enfrentarme a mi gordura, soy la primera en llegar a todas las clases, todos los días, todos los semestres de todos los cursos porque puedo elegir mi sitio la primera. Así no tengo que apretujarme entre dos asientos o hacer maniobras para pasar por huecos en los que no sé si quepo. Es un mecanismo de defensa, nadie me ve intentando encajarme entre la silla y el escritorio. Si almuerzo en la cafetería, voy cuando está vacía para que nadie me vea comer sola. La imagen de una persona delgada y una gorda comiendo sola es distinta. Si es alguien delgado, no es nada del otro mundo, si ese alguien está gordo, significa que no se merece que nadie se siente con él. Cuando escucho a mis amigas hablar de lo mucho que cenaron, de lo gordas que se sienten o de los tres kilos que ganaron en verano, me quedo callada. Las apoyo en su misión de estar delgadas e ignoro la implicación de que lo que yo soy no es lo deseado. Sonrío a los desconocidos en los aviones porque sé que están enfadados porque les tocó sentarse a mi lado durante el vuelo y evito las miradas cuando me termino mi burrito.

Puesto que llevan toda la vida diciéndome que soy algo que la gente no quiere, me lo creí; pero cuando miro My mad fat diary, me siento un poco mejor conmigo misma. A Rae le toca ser la protagonista, le toca ser interesante, luchar para no comer compulsivamente. Rae puede hablar de su depresión con un psiquiatra sin que sea vergonzoso. Rae consiguió un novio.

Rae consiguió un novio.

Por primera vez desde que miro la televisión, me dejan ver a una persona gorda que gusta y provoca deseo. La sexualidad tan visible de Rae (se masturba con la fantasía de un dios romano en uno de los episodios) es vital porque no tengo ni idea de cuál es mi orientación. Estoy condicionada a pensar que no me merezco tener sexualidad. No le intereso a nadie, así que mi sexualidad es inútil. Cuando todos los programas de televisión, las revistas, los libros y las películas presentan a una chica delgada, borran aún más mi sexualidad. No importa si el medio es manga alternativo o un reality show. La gente gorda y con sexualidad no existe y mucho menos como protagonistas con historias completas y mundos que giran a su alrededor.

My mad fat diary es una serie innovadora y triunfadora. Me dice que me merezco atención y que se me vea de forma sexual, e incluso que me merezco elegir. No tengo que contentarme con la primera persona que demuestre algún interés por mí. No tengo que sentirme halagada cuando me acosen por la calle porque por lo menos alguien se ha fijado en mí. Cuando me tratan como a una persona real, cuando me siento como una persona real, puedo escapar de las estructuras opresivas que me mantienen sumisa, tengo una voz. Tengo autoestima. Y sí, claro que el autoestima debería venir de dentro, pero mientras tanto puedo ir por el mundo con la certeza de que hay gente que piensa que me merezco ser la protagonista, que me merezco atención y respeto, que yo, a diferencia de mi gordura, sí soy bienvenida.

(Nota de la autora: Podría escribir páginas y páginas sobre lo bien que esta serie trata la salud mental, pero eso lo dejo para otro día. Aviso legal: La experiencia de la gordura no es la misma para todas las mujeres, las mujeres de color lo viven de una forma muy distinta.)

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Una respuesta to “Mi feminista loca y gorda”

  1. valyria no arde agosto 5, 2015 a 8:05 pm #

    Olé!!! Me ha encantado, un artículo de esos que reenviaría a tooooda la humanidad… Un empoderamiento en si mismo, ahora tendré que ver la serie

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