La falacia de las etiquetas

20 Sep

Escrito por: Johan Clarke
Traducido por: Verónica Hojman

Me gustaría hacerles una pregunta rápida que siempre pensé que era muy simple, pero que con los años aprendí que podía llegar a ser más complicada de lo que debería:

¿Quién define mi sexualidad?

Verán, siempre pensé que solo yo definía mi sexualidad. Ahora, sin embargo, empiezo a comprender que la define mi infancia, mis genes, la forma en la que hablo, la música que escucho, mis padres, el Gobierno, con quien hablo, la hora a la que me levanto por la mañana, lo que bebo, una persona cualquiera que pasa a mi lado lanzándome palabras despectivas… la lista continúa.

Por error, todos estos años tenía la impresión de que me conocía mejor que nadie, que era yo quien sabía el tipo de persona que me atraía. Pero es obvio que alguien que no me conoce de nada sabrá mucho más sobre mi orientación que la persona que la orienta.

Probablemente podría contar con los dedos de una sola mano las personas a las que les he dicho la etiqueta que le he puesto a mi sexualidad. No me da miedo ni nada, simplemente no sentía necesidad de hacerlo. La gente siempre saca conclusiones basándose en unas nociones preconcebidas de hombres semejantes a mí. Esto hacía mucho más fácil no ser la norma. Solo se los decía cuando me lo pedían directamente que lo hiciera, algo que nunca estoy seguro de hacer.

El hecho es que las palabras tienen significado. Lo sé, es un pensamiento aterrador. Lo que es incluso más aterrador es que a veces esos significados no son correctos. Por ejemplo, un país del tercer mundo es en realidad un país que no apoya ni a la Unión Soviética ni a EEUU, Suiza es un país del tercer mundo. El término país en desarrollo no se usa porque sea políticamente correcto, se usa porque es el término más adecuado para estos países.

Por eso dudo al usar etiquetas de orientación sexual. Cada una viene con connotaciones que considero incorrectas para mí. Alguien que es gay es diferente de alguien que es homosexual. Homosexual es quien se siente atraído por personas de su mismo sexo. Gay es quien se identifica como tal y forma parte de la comunidad queer. Los escándalos sexuales en los baños de un aeropuerto estadounidense sucedieron entre hombres homosexuales. Los miembros del Congreso no eran gays porque no se identificaban con dicha cultura.

Cada palabra que usamos viene con una historia que nos ayuda a definirla. En algún momento, el prejuicio y los estereotipos han destrozado el término con el que me había identificado hasta convertirlo en un monstruo. Lo han transformado en algo que un grupo ignorado durante años ya no reconoce. Lo han transformado en algo que hace que miembros de mi propia familia digan: “no creo que existan”, aunque les explique que su lógica falla.

Este término cambia de connotaciones al referirse a un sexo u otro y posiblemente sea por eso por lo que tengo tantos problemas con él. Si fuese una etiqueta legítima, debería querer decir lo mismo cuando se aplica tanto a hombres como a mujeres. Cuando se aplica a hombres suele significar que tienen miedo de ser “totalmente gays”, algo que he oído más de una vez en mi vida y no tengo muy claro aún su significado. Cuando se aplica a mujeres, solo están experimentando y es muy probable que con el tiempo vuelvan a querer a los hombres.

Hay tantas cosas mal en este razonamiento. La palabra debería referirse (aunque no lo hace) a las personas por las que alguien se siente atraído. No se trata de su historial sexual ni de quien sea su última pareja (como la mayor parte de la gente cree). No puedes decirme que alguien casado no se siente atraído por nadie excepto por su esposo o esposa, sea o no de su mismo sexo. Ni siquiera se trata de atracción sexual. Al contrario de lo que se suele pensar, uno puede sentirse atraído de muchas formas aparte de la sexual. Hay atracción romántica, sapiosexual, etc. Creo (y puede que esté exagerando) que en esta cultura dominada por lo masculino, la gente debe adorar al hombre. Si eres un chico que se identifica de esta forma, será que estás completamente enamorado de los hombres. Si eres una chica, de cierta forma seguirás amándolos. Según la sociedad, es imposible que no te encanten los hombres.

Esta palabra trae consigo la idea de una persona que no soy. Es cierto que no me siento atraído exclusivamente por un género, pero no dejaré que una etiqueta me defina. Hemos llegado a un punto en el que las palabras han comenzado a definirnos cuando deberíamos ser nosotros quienes las definamos a ellas. No permitiré que gente a la que acabo de conocer piense que desconozco o le tengo miedo a mi propia sexualidad por algo que me atribuyo.

Así que no seguiré asignándome esta orientación sexual (nótese que no he usado la palabra en todo el post. Es una elección artística y no porque le tenga miedo. Bisexual. Listo, ya está dicha). Cuando me pregunten qué soy, les diré que soy estudiante en Georgetown. No me meterán a la fuerza en un estereotipo porque les hayan lavado el cerebro en los medios. O incluso mejor, les diré que me identifico como wumbo. No significa nada y lo significa todo al mismo tiempo. Me ayuda a definir mi sexualidad porque implica que intentar explicar lo intrínseco de por quién me siento atraído (porque es eso, no como hable o la ropa que me ponga o la comida que coma) requiere más que una sola palabra. La única connotación de este término es Bob Esponja y siempre quiero que se me asocie con Bob Esponja.

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