Adoro. El. Sexo. #LoSientoPeroNoLoSiento

30 Ago

Escrito por: Kat Kelley
Traducido por: Verónica Han

La positividad sexual es un tema nebuloso. Según Wikipedia, se trata de un movimiento cuya “ideología promueve y acepta la sexualidad abierta con pocos límites más allá del énfasis en sexo seguro y la importancia del consentimiento”. Para mí, la positividad sexual es el resultado de eliminar la vergüenza del sexo y la sexualidad. Es aceptar y respetar la identidad sexual de cada uno, su orientación sexual, sus preferencias y elecciones. La positividad sexual es la comunicación y el deshacerse de los tabús sexuales que perpetúan aquellas normas sociales dañinas.

La salud sexual precisa de la positividad sexual. EEUU tiene los índices de embarazo adolescente más alto entre los países desarrollados, siendo incluso mayores los índices de los estados que solo conciben la abstinencia como educación sexual. La juventud se merece una educación sexual que sea comprensiva, que posibilite las decisiones seguras. Necesitamos un cambio cultural; decirles que el sexo es pecado, que es sucio, que es una mera herramienta para procrear, no va a permitirles tomar decisiones seguras. La positividad sexual es primordial para la comunicación, nos da la posibilidad de afirmar nuestros límites, de determinar y dar un consentimiento significativo y de pedir lo que queremos.

El consentimiento precisa de la positividad sexual. El consentimiento no es la falta de un “no”, es una respuesta afirmativa. El consentimiento exige que utilicemos nuestras voces, que hablemos de sexo, que seamos capaces de comunicar nuestros deseos e incomodidades y que respetemos los de nuestra(s) pareja(s).

Necesitamos la positividad sexual para luchar contra la violencia sexual. Ya no aguanto que “se avergüence a la puta”. Se nos enseña que la sexualidad de la mujer es o inexistente o sucia. Tanto si esperas al matrimonio como si eres activa sexualmente, siempre y cuando tomes decisiones seguras y respetes la autonomía de tu(s) pareja(s), no tienes nada de lo que avergonzarte. La “vergüenza a la puta” perpetúa, directamente, la violencia sexual. Solía trabajar en la Oficina de Defensa Pública (que por muy difícil que fuese, significaba que estaba “del lado” de los agresores sexuales, y me alegra que los agresores sexuales pobres recibieran el mismo apoyo legal que los ricos podían comprarse) y en cada uno de los casos de violencia sexual, leyendo detenidamente los archivos, se me revolvían las tripas. En “Pruebas” aparecería el pasado sexual de la denunciante, dando una imagen de una mujer pervertida (léase: sexualmente activa), como si eso invalidara su historia. A nuestra sociedad le encanta culpar y castigar a aquellos que experimentan la violencia sexual. Afirmamos que “se lo estaba buscando“, como si alguien pudiese pedir que lo violasen. Tenemos que dejar de hacer de cuenta que a las mujeres no les gusta el sexo y que su comportamiento sexual, sus decisiones o su reputación les dan a los hombres derecho sobre el cuerpo de la mujer.

Necesitamos la positividad sexual para aprender cómo querer a nuestro cuerpo y cómo dejar de tenerle miedo a las vaginas. Todo en nuestra sociedad es fálico, pero las vaginas se ven como cuevas oscuras y sucias. Lisa Brown, la representante de Michigan en el Senado estadounidense, fue expulsada de este por usar la palabra vagina. Si no puedes nombrarla, no deberías legislarla. Un chico le dijo a una amiga mía que no bajaría por razones “higiénicas”. ¿QUÉ? El genital masculino está ahí afuera, por todos lados, y la vagina es un órgano de auto-limpieza. Las vaginas son milagrosas, se estiran hasta dejar que un BEBÉ HUMANO pase por ellas. Deberíamos venerarlas, no tenerles miedo. Y ya basta con este tabú de la menstruación. Las mujeres se pasan aproximadamente el 20% de sus años fértiles menstruando, es algo demasiado común como para que se usen susurros avergonzados y eufemismos. El único momento en el que la cultura pop hace referencia a la menstruación es por el Síndrome Pre-menstrual, dando a entender que las mujeres somos inestables y sub-humanas cuando estamos con el período. Y si te da la impresión de que estoy haciéndole la pelota a la propaganda feminista, Onion me respalda.

Con frecuencia, mis compañeros me preguntan tímidamente por qué una chica en el campus necesitaría el feminismo. Obviamente, en Arabia Saudí y en la República Democrática de Congo necesitan el feminismo. Y aunque el acoso sexual, la diferencia de sueldo y el doble rasero sean mis respuestas rápidas, siento que una de las necesidades más importantes es la positividad sexual.

Adoro el sexo, es beneficioso para la presión arterial, el sistema inmunológico, el autoestima, los hábitos de sueño, la piel y la esperanza de vida. Ah, y claro, aunque sea mujer, disfruto del sexo, soy un ser sexual. Y a pesar de todo, odio mi vagina. Casi no puedo tocarla, me provoca un poco de incomodidad. Estoy co-produciendo Los puñeteros monólogos sobre la vagina y todavia tengo que aprender a querer la mía. Por dios, ni siquiera he tenido un orgasmo porque no se cómo decirles a los hombres lo que quiero y me da demasiado miedo mi propio cuerpo como para hacerlo por mí misma.

Así que, sí, incluso una mujer jodidamente empoderada y sexualmente liberada como yo, necesita la positividad sexual.

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