También estoy aquí por mí

23 Ago

Escrito por: Kevin Carty
Traducido por: Verónica Han

Para cualquiera que haya pasado un mínimo de tiempo entre páginas, blogs y conversaciones sobre el feminismo moderno, debería ser más que obvio que el feminismo ya no puede tener éxito, ni sobrevivir, como un esfuerzo discreto y limitado. Desde hace décadas, la “interseccionalidad” ha sido una palabra de moda y un foco de atención. Millones de feministas se han unido para luchar por los derechos de la comunidad queer. Las mejores feministas actuales luchan por los derechos de la gente transexual. En resumen, si eres una feminista de hoy en día, es poco probable que solo te centres en la situación de las mujeres que pertenecen a tu clase, raza y orientación. Y si eres tan exclusiva, es muy probable que estés recibiendo infinitas críticas justificadas.

No, con suerte, tu feminismo es amplio y está dispuesto a incluir y apreciar un sinfín de historias únicas sobre la opresión, historias que oirás si te acercas a escuchar. Y con suerte, tu feminismo también es humilde, dispuesto a reconocer los privilegios y particularidades de tu propia perspectiva al sopesar cualquier asunto.

Estas dos directrices son, hasta donde yo sé, algo así como las normas inflexibles del feminismo moderno, y por una buena razón. Son el efecto de los fallos previos del feminismo, las mejores respuestas que tenemos los feministas contra la ceguera y la parcialidad que atacan a nuestro movimiento desde sus inicios. Es más, para aquellos que somos privilegiados y que intentamos escribir sobre el feminismo, estas son las reglas por las que deberíamos vivir si queremos ser feministas modernos y morales.

Pero, ahora que he usado “nosotros” y “nuestro” para hablar de este movimiento en desarrollo, llegamos al punto en el que tengo que explicar mi propio feminismo y mi relación con estas normas. Como hombre, se entiende que haya unas cuantas preguntas que siempre me hacen cuando me declaro feminista.

¿Tu feminismo no le resta valor a los esfuerzos de las feministas?

¿Necesitas ser feminista?

¿No tienes demasiados privilegios para escribir y actuar en contra de la injusticia social?

¿Puedes ser feminista siendo hombre?

(peor), ¿deberías ser feminista siendo hombre?

Puedo responder a todas estas preguntas, o al menos eludirlas, gracias a las normas dichas anteriormente. Puedo abarcar mucho, puedo ser humilde, puedo verificar mis privilegios de la mejor manera posible. Pero eso no me parece suficiente respuesta. Sí, mientras haga todo esto puedo ser un “buen” feminista, aunque sea un hombre tan privilegiado. Pero eso no explica del todo por qué me identifico como feminista y por qué quiero serlo. Tengo una respuesta mejor y tiene que ver con la “interconexión” de la justicia de género.

El feminismo siempre ha sido un movimiento orientado a la acción. La lucha contra la privación de derechos, contra la violencia doméstica, contra la oposición que recibe la mujer trabajadora, contra la violencia sexual, contra la falta de salud reproductiva, contra la diferencia de sueldo y contra la exclusividad tan sexista de los clubs de chicos bien pagados, todas estas son las batallas que prueban la necesidad de nuestro movimiento y que nos mantiene activos. Pero además, somos un movimiento de ideas, porque debajo de esta violencia evidente, acechan también las ideologías y expectativas causadas por las diferencias de géneros y que llevan a tales injusticias. Ideas que son dominantes, dañinas y auto-perpetuadas. Así que atacamos la idea de que las mujeres tienen que tener un papel de apoyo, el mito de la pureza, el doble rasero sexual y las mentiras sociales de que las mujeres son reacias a emprender tareas de tradición lógica o matemática.

Y aquí es donde aparece la “interconexión”. Esta violencia y los conceptos que la afianzan no son perpetrados y mantenidos únicamente por los hombres en detrimento de las mujeres. Así mismo y en consecuencia, esta violencia existe paralela a la violencia que los hombres sienten y se infligen entre ellos como resultado de una ideología de géneros. Estas ideas se desarrollaron a la par que las concepciones de la masculinidad, las cuales afectan y dañan a los hombres tanto como las concepciones de feminidad a las mujeres.

Por ejemplo, toma las expectativas sociales que rodean la virginidad femenina, el complejo de la virgen y la puta, la putificación y el doble rasero. Ten en cuenta las ideas generalizadas de sexualidad femenina que contienen y hieren a las mujeres, cada una de ellas basada en la creencia patriarcal de que las mujeres no están interesadas en el sexo y que deberían ser seres puros, angélicos, virginales, en cualquier caso corrompidas por el sexo y la sexualidad. Este no es un paradigma aislado, con él viene la creencia de que los hombres son seres extremadamente sexuales, definidos por unos deseos agresivos de liberación y calentura que no pueden controlar. E independientemente de lo que esta idea implica en cuanto a la culpa que se le echa a las víctimas y la indulgencia hacia los violadores, esta idea de que los hombres son salvajes bestias sexuales, tiene un efecto profundamente negativo en la gran mayoría de nosotros, los hombres que no somos sexuales de forma violenta.

No debería hacer falta decirlo, pero controlamos nuestro impulsos sexuales. Nuestra calentura no es una especie de presencia monolítica que nos priva de tomar decisiones. No somos animales salvajes y sexuales. Y cuando la cultura a nuestro alrededor insiste en este debate una y otra vez demonizando nuestra sexualidad, diciendo que las mujeres siempre nos deben decir que no, que pensamos con la “cabeza equivocada”, que la violación y el acoso sexual está en nuestros genes y que somos manejados por nuestras hormonas, es sumamente irrespetuoso. Y cuando escuchamos todo esto una y otra vez, creo que muchos de nosotros empezamos a creérnoslo, caemos involuntariamente en el mito de la sexualidad masculina. Algunos, sin quererlo, sentimos que no podemos y no debemos controlarnos, y puede que algunos, creo que muchos, llegamos a tenernos miedo a nosotros mismos. Si se nos enseña que somos unas bestias sexuales tan agresivas que actúan fuera de su control consciente, ¿qué otra respuesta es tan razonable como el miedo a uno mismo?

Piensen también sobre la estructura de los roles sociales y los propósitos que circunscriben el trabajo y la familia para la mujer: la parte de trabajo doméstico que sobrepasa a la mujer trabajadora, el hecho de que a las mujeres se les pague menos que a los hombres (ocho céntimos menos por cada dolar en EEUU), la escasez de mujeres en posiciones de liderazgo en la industria. La comprensión de la feminidad que pretende que las mujeres se queden en casa se construyó, obviamente, por la devoción social a un sustentador hombre, el caballero que provee para su mujer y encuentra en esto su único propósito.

Para muchos, este rol no parece problemático para el hombre, pero creo que no se tienen en cuenta unas cuantas cosas. Noah Berlatsky ha escrito sobre como el feminismo le ha dado más opciones, porque le ha dado más oportunidades a su mujer. Porque el feminismo sigue impulsando a las mujeres dentro del mundo laboral, poniendo fin al requisito de que los hombres seamos los únicos proveedores en la familia, permitiéndonos ser mejores padres, trabajadores autónomos, amos de casa y dar cariño a la vez que lo recibimos. Es más, cuando se ve a los hombres como seres necesitados porque proveen a las mujeres, como en este caso de comprensión de la masculinidad desde un punto de vista patriarcal, las consecuencias a largo plazo pueden ser perjudiciales, crean la necesidad de ser necesitados. Cuando este concepto de utilidad es el único rol que alabamos y pregonamos, se complica seriamente el encontrar otras fuentes de significado, tanto en las relaciones satisfactorias como en el trabajo independiente, la paternidad cariñosa o incluso el amor en sí mismo. Noah Brand escribió que, puesto que solo conocemos una forma de ser necesitados, tenemos problemas a la hora de ser queridos. Tenemos problemas a la hora de ser amados de forma libre y sincera, porque nunca hemos sido otra cosa que necesitados.

Y por último, reflexionen sobre la violencia sexual y doméstica desenfrenada, mayormente cometida por hombres. Este fenómeno debería dejarnos en shock. Solo los números ya resultan desmesurados: una de cada dos mujeres ha sido víctima de violencia sexual y una de cada cinco, víctima de violación. Luchar contra la violencia de género se ha visto, hasta ahora, como un problema de las mujeres. No debería ser problema también de los hombres, como Jackson Katz declara en este video, solo porque son nuestros amigos, hermanos, hijos y padres los que llevan a cabo la violencia sexual y porque está en nuestro poder pararlos y cambiarlos, sino que además, esta violencia epidémica tiene sus raíces en la estructura social que nos hiere a la mayoría de los hombres a lo largo de nuestras vidas tanto como a las mujeres que nos rodean.

Los grupos formados solo por hombres que mantienen esta cultura de la violación consciente o inconscientemente, con chistes sobre violaciones, un lenguaje sexista y validando los mitos de la violación, son los mismos que se mantienen con un comportamiento de exclusión e intimidación. La devaluación de la mujer y la feminidad, parte central de la violencia sexual y las violaciones, está íntimamente relacionada a la devaluación, por parte de los hombres, a todos aquellos que no sean masculinos, pudiendo ser mujeres, gays, transexuales o simplemente distintos. Esta necesidad de otrizar, victimizar e intimidar proviene de ese estado de ansiedad que provoca la construcción de la masculinidad como una identidad que siempre necesita demostrarse y la forma más fácil de hacerlo es identificando a aquellos que no son masculinos como una especie de distracción vacía. Muchos de nosotros hemos experimentado esta agresión por parte este tipo de grupos, en el instituto, en la facultad, en la brigada militar y en los equipos de deporte, y puede llegar a ser una experiencia increíblemente difícil y dolorosa.

Soy un feminista que se opone al sexismo, que apoya con pasión la libertad reproductiva, un aliado para todas las víctimas de violencia sexual. Iré con “la marcha de las putas”*, trabajaré contra el acoso y la violencia, usaré mi privilegio para elevar las voces de mis amigas y aliadas, y usaré mi masculinidad para involucrar y cambiar las opiniones de otros hombres.

Pero, aparte de por mi alianza y al apoyo activo que doy a todas las mujeres de mi entorno, también estoy aquí por los hombres. La “interconexión” de las construcciones de género que el feminismo identifica y derrota tan exitosamente, demuestra que tenemos un interés directo en conseguir que la justicia de género sea una realidad, para nuestras novias, amigas, hijas, madres y mujeres, pero también para nuestros padres, amigos y compañeros alrededor del planeta. Soy feminista, pero soy mucho más que un aliado. También estoy aquí por mí.

*NdT: https://www.facebook.com/MarchaPutasBA

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